A veces hay que empezar por el final, sobre todo cuando lo mejor llega a los postres. Se apagaron los focos, se vistió de blanco el verde del césped y recibió Casillas el trigésimosegundo trofeo nacional de Liga. Ni más ni menos. El museo de la Castellana, el segundo más visitado de la capital de España, se queda pequeño ante tanta gloria. El Madrid confirmó en la última actuación del curso 2011/2012 que ha sido el mejor y que, además, lo ha sido de una forma bestial. Ganó y acumuló los cien puntos, una suma inédita. Goleó además en cuatro ocasiones y se fue a los 121, un número capicúa y de ciencia ficción. La noche, de primavera-verano, se tornó hermosa y emotiva. No faltó ni un solo detalle para el gozo.
Hora y media antes los acontecimientos empezaron con un Bernabéu precioso y coloreado de blanco a petición del club. Las camisetas inmaculadas fueron un chute de energía, confirmada al grito de "Campeones", sin duda el hit de las últimas semanas. El lúdico ambiente se vio acompañado de inmediato por el juego del equipo, que lejos de acomodarse fue reincidente en la virtud de la ambición. Enchufadísimo, el once de casa metió al Mallorca en su campo y empezó a llegar una y otra vez a las inmediaciones de un agobiado Aouate.
Tres perdones, uno del árbitro que anuló injustamente un gol a Higuaín, otro de Khedira por su inoperancia en la definición y uno último de Benzema por reflejos del portero precedieron al primero de la tarde. Lo marcó, vaya novedad, CR7. La rúbrica tuvo uno de sus trazos predilectos, el del salto por encima de todo el mundo y el testarazo inapelable a la red. Lástima que le separara una distancia imposible del Pichichi, pero sus 46 goles valen mucho más que el Pichichi particular, pues su balance se ha revelado mucho más influyente para la consecución del gran objetivo.
El campeonato ha sido centenario en puntos y extremadamente goleador con un guarismo de 121. Algunos han sido de gran belleza, como el anotado por Benzema después de que toda la delantera se asociara a un veloz toque y en la frontal del área. Cristiano se llevó a media defensa consigo e Higuaín habilitó a Benzema, que definió con un tiro raso y exacto. De ahí al descanso las tornas siguieron más o menos igual, si bien la intensidad empezó a decaer a medida que pasaban los minutos.
Sin embargo, hubo más. El refrigerio no trajo dejadez sino una insistencia en la búsqueda del espectáculo. Este equipo domina muchas más suertes de las que algunos le suponen y, si los anteriores tantos habían sido un ejemplo de potencia y de asociación, Özil marcó el tercero con la bondad de la sutileza. Higuaín, que de espaldas hace infinito daño, le cedió la pelota al alemán, que con un toque leve mandó el esférico mansamente a la red. Según las frías estadísticas, el mediapunta lo tiene todo menos instinto asesino, algo que sí lució en la despedida liguera. Antes había acortado distancias Castro en un contragolpe, pero Özil marcó con la derecha el 4-1 sin dejar caer la pelota tras un lejano centro de Marcelo, que sumó una nueva asistencia.
El motor bajó de revoluciones, como si quisiera ahorrar combustible para la ceremonia del final. Todavía quedaban algunos detalles sustanciosos sobre el césped. Entró Di María por Higuaín y el delantero se marchó entre vítores y bajo una ovación estruendosa. Él correspondió a la parroquia con un sincero agradecimiento. Da para mucho el tema pero es evidente que su no continuidad sería una mala noticia. 'El Pipa' es un fajador, siente la camiseta, asegura datos estadísticos, tiene apariciones decisivas y parece todo un "nacido para el Madrid". En el reino de la meritocracia no quedaría el menor atisbo de duda.
Pasaban los minutos, aunque cada vez con menos circunstancias reseñables. Se entretuvo Cristiano en un mano a mano, seguramente lastrado por la convicción de que los cincuenta quedaban a años luz. Faltaba alguna llegada ocasional del Mallorca y un detalle de Casillas. Pero, en realidad, el protagonistmo ya era para miles de testigos de una función de luces y sonidos, celebración justísima de un campeón histórico al que no se le puede exigir más. Quizás se le pueda pedir que mantenga la línea, se empeñe en la confirmación del cambio de ciclo y de atrás cuanto antes el número 32 para gloria del club más grande de la historia.
Que así sea.





