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domingo, 13 de mayo de 2012

Real Madrid 4 Mallorca 1. Cien y fiestón


A veces hay que empezar por el final, sobre todo cuando lo mejor llega a los postres. Se apagaron los focos, se vistió de blanco el verde del césped y recibió Casillas el trigésimosegundo trofeo nacional de Liga. Ni más ni menos. El museo de la Castellana, el segundo más visitado de la capital de España, se queda pequeño ante tanta gloria. El Madrid confirmó en la última actuación del curso 2011/2012 que ha sido el mejor y que, además, lo ha sido de una forma bestial. Ganó y acumuló los cien puntos, una suma inédita. Goleó además en cuatro ocasiones y se fue a los 121, un número capicúa y de ciencia ficción. La noche, de primavera-verano, se tornó hermosa y emotiva. No faltó ni un solo detalle para el gozo.
Hora y media antes los acontecimientos empezaron con un Bernabéu precioso y coloreado de blanco a petición del club. Las camisetas inmaculadas fueron un chute de energía, confirmada al grito de "Campeones", sin duda el hit de las últimas semanas. El lúdico ambiente se vio acompañado de inmediato por el juego del equipo, que lejos de acomodarse fue reincidente en la virtud de la ambición. Enchufadísimo, el once de casa metió al Mallorca en su campo y empezó a llegar una y otra vez a las inmediaciones de un agobiado Aouate. 
Tres perdones, uno del árbitro que anuló injustamente un gol a Higuaín, otro de Khedira por su inoperancia en la definición y uno último de Benzema por reflejos del portero precedieron al primero de la tarde. Lo marcó, vaya novedad, CR7. La rúbrica tuvo uno de sus trazos predilectos, el del salto por encima de todo el mundo y el testarazo inapelable a la red. Lástima que le separara una distancia imposible del Pichichi, pero sus 46 goles valen mucho más que el Pichichi particular, pues su balance se ha revelado mucho más influyente para la consecución del gran objetivo. 
El campeonato ha sido centenario en puntos y extremadamente goleador con un guarismo de 121. Algunos han sido de gran belleza, como el anotado por Benzema después de que toda la delantera se asociara a un veloz toque y en la frontal del área. Cristiano se llevó a media defensa consigo e Higuaín habilitó a Benzema, que definió con un tiro raso y exacto. De ahí al descanso las tornas siguieron más o menos igual, si bien la intensidad empezó a decaer a medida que pasaban los minutos. 
Sin embargo, hubo más. El refrigerio no trajo dejadez sino una insistencia en la búsqueda del espectáculo. Este equipo domina muchas más suertes de las que algunos le suponen y, si los anteriores tantos habían sido un ejemplo de potencia y de asociación, Özil marcó el tercero con la bondad de la sutileza. Higuaín, que de espaldas hace infinito daño, le cedió la pelota al alemán, que con un toque leve mandó el esférico mansamente a la red. Según las frías estadísticas, el mediapunta lo tiene todo menos instinto asesino, algo que sí lució en la despedida liguera. Antes había acortado distancias Castro en un contragolpe, pero Özil marcó con la derecha el 4-1 sin dejar caer la pelota tras un lejano centro de Marcelo, que sumó una nueva asistencia. 
El motor bajó de revoluciones, como si quisiera ahorrar combustible para la ceremonia del final. Todavía quedaban algunos detalles sustanciosos sobre el césped. Entró Di María por Higuaín y el delantero se marchó entre vítores y bajo una ovación estruendosa. Él correspondió a la parroquia con un sincero agradecimiento. Da para mucho el tema pero es evidente que su no continuidad sería una mala noticia. 'El Pipa' es un fajador, siente la camiseta, asegura datos estadísticos, tiene apariciones decisivas y parece todo un "nacido para el Madrid". En el reino de la meritocracia no quedaría el menor atisbo de duda.
Pasaban los minutos, aunque cada vez con menos circunstancias reseñables. Se entretuvo Cristiano en un mano a mano, seguramente lastrado por la convicción de que los cincuenta quedaban a años luz. Faltaba alguna llegada ocasional del Mallorca y un detalle de Casillas. Pero, en realidad, el protagonistmo ya era para miles de testigos de una función de luces y sonidos, celebración justísima de un campeón histórico al que no se le puede exigir más. Quizás se le pueda pedir que mantenga la línea, se empeñe en la confirmación del cambio de ciclo y de atrás cuanto antes el número 32 para gloria del club más grande de la historia.
Que así sea.


sábado, 5 de mayo de 2012

Granada 1 Real Madrid 2. Resaca y ambición


La fiesta es la fiesta y cuando uno se entrega a ella suele dejar secuelas. Benditas desde luego las causadas por las celebraciones que siguieron al pitido final en San Mamés de hace tres noches. Más de 24 horas seguidas de bailes, cánticos, gritos y algunas copas son mucha tela para cualquiera. Cuando todo eso queda atrás, aparecen las jaquecas y el cansancio. Si encima eres deportista y no te juegas nada en la siguiente cita, lo normal es que lo pagues con dureza. Eso le sucedió al Madrid en Granada, si bien el espíritu competitivo de este equipo es de tal calibre que supo sobreponerse y llegó a los minutos finales con el ánimo a tope para vencer. Lo consiguió milagrosamente, con una profesionalidad proporcional a la desidia de los minutos iniciales. Los tres puntos abren así la puerta a los 100 definitivos, aunque con casi toda seguridad no irán acompañados de un Ronaldo Pichichi, prácticamente desenganchado de su lucha con Messi y a pesar de sumar otra anotación.
Una alineación plagada de suplentes y el mal cuerpo fueron un combinado tan comprensible como mortal. El ímpetu y la concentración son valores decisivos, capaces de nivelar las evidentes desigualdades técnicas. Fruto de esas circunstancias, el Granada abrió el marcador con solo cinco minutos de juego. Falló en una entrega Marcelo y se hizo con la pelota Jara, todavía en su propio campo. Defendió de pena la zaga, primero con un Carvalho que se fue de forma impotente al suelo y después por los indecisos Varane y Albiol, que no se repartieron los roles por el centro. Jara se vio tan solo que fusiló a Adán e instaló el éxtasis en Los Cármenes. 
Ni siquiera el sonoro golpe sacó al campeón de su letargo. Casi a continuación, Ghalo se quedó sin obstáculo tras la apatía generalizada de sus marcadores y disparó a bocajarro contra el cuerpo de Adán. El rechace lo convirtió en un nuevo tiro que sacó Marcelo de milagro. El sufrimiento era una evidencia, entre otras razones por la fragilidad defensiva de la dupla Sahin-Granero, aunque las sensaciones parecieron igualarse poco a poco. De pronto, Cristiano tuvo un amago de ocasión gracias un remate de cabeza que se le marchó alto. Sus compañeros se hicieron algo más con la posesión, aunque los locales sigueron con una tensión altísima que dejó de verse acompañada de llegadas al marco madridista.
Así se alcanzó el descanso, momento en el que Mourinho demostró que no se conformaba como parecían haber hecho la mayor parte de sus hombres. Pagaron la factura dos de los sospechosos habituales: uno fue Sahin, clamorosamente falto de confianza, que dejó su puesto a Xabi Alonso tras dejar como única aportación un disparo desde fuera del área. El otro fue, para variar, Kaká, uno de los mayores fiascos por relación calidad-precio de toda la historia del club. Valorar su paso por Granada sería hacer tanta leña del árbol caído que, con la Liga en el bolsillo, casi es mejor mirar para otro lado. Valga con notificar que dejó paso a Higuaín.
Se entonó el bloque en la segunda mitad, más metido en la dinámica del juego y con una apariencia mejorada, aunque sin excesos. Pudo empatar Benzema con un derechazo, que sacó Julio César con unas sólidas manos. Después rozó el gol CR7. No llegó primero en la línea de gol a un balón que se había envenenado y empotró después la pelota sobre el cuerpo del guardameta granadino, que le había tapado el ángulo tras un robo del portugués.
Con Xabi e Higuaín, así como con Callejón, los visitantes pasaron mucho más tiempo en el campo del rival. El empate, sin embargo, tuvo que llegar gracias a un regalo injustificado de Moisés Hurtado, que placó a Cristiano cuando volaba el esférico desde el banderín de córner. Ejecutó Ronaldo después de dos penas máximas erradas en las últimas citas, quitándose así el regusto desagradable de la suerte de los once metros. 
Pudo llegar el segundo del Madrid y la victoria que hicieran posibles los cien puntos finales. Corrían los jugadores para sacar de banda o de puerta y terminaron acorralando a los andaluces. Julio César salvó la jugada más peligrosa cuando el esférico viajaba manso hacia las redes. Tal fue el empeño, sin duda meritorio por ambicioso, de los hombres dirigidos por Mou que Cortés acabó metiéndose en propia puerta el tanto del triunfo. 1-2. 
Hecho el trabajo, solo faltaba asistir al ataque de nervios del Granada, prisionero de sus errores con un penalti innecesario y un mal despeje. Clos Gómez pitó el final cuando quedaba la posibilidad de un saque de esquina y recibió insultos e inlcuso una impresentable agresión de Dani Benitez. El espéctaculo, con varias expulsiones incluidas, fue en la despedida tan poco edificante como festivo será el que disfrute el Bernabéu en la última jornada contra el Mallorca. El centenar en el puntaje y la entrega del trofeo número 32 esperan a la vuelta de la esquina. A gozarlo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Athletic de Bilbao 0 Real Madrid 3. ¡Campeones!


Campeones y por la puerta la grande. El título número 32 de Liga llegó en un templo futbolístico que presume de hostilidad al madridismo. De San Mamés ningún visitante salió nunca con semejante conquista. Tenía que ser el Real Madrid, el club más grande de la historia, quien sumara también ese mérito histórico. Luego están las maneras. La victoria definitiva llegó con una actuación formidable, pletórica de todas las virtudes que han hecho de la plantilla gobernada por Mourinho una escuadra ganadora: ambición, solidez y velocidad. Desde el paso por el Nou Camp, no existe ni el más mínimo pero a largos meses de liderazgo y goles. Y todavía quedaba un 0-3 en Bilbao para poner la guinda a un pastel inolvidable.
Campeón. El empuje inicial del Madrid fue propio de un equipo con alma de tal. El ambiente flamígero del estadio no le intimidó en absoluto y tampoco se dejó llevar por una ventaja que permitía administrar los ánimos. Los blancos buscaron con ahínco la portería de Iraizoz, primero con una llegada de Higuaín que sacó por los pelos el guardameta y después con un para de subidas de Coentrao. Por si fuera poco se sobrepuso al fallo de CR7 en el lanzamiento de un penalti que fue una especie de 'Panenka' infumable. Nada importó. Higuaín, ese delantero discutido que suele dejar su firma en las grandes noches ligueras, enganchó un derechazo inapelable desde la frontal para rubricar una jugada de tiralíneas entre Cristiano y Özil. 
El alemán de origen turco premió a la retina más exigente con otra exhibición de magia. Esta vez le añadió a las caricias de la pelota el remate final a contragolpe iniciado por Xabi Alonso y continuado por Ronaldo con una asistencia tan lejana como precisa. 0-2, aunque no se conformó el sedoso danzarín y propuso un paseo horizontal con la pelota cosida al pie para terminar sorprendiendo con un disparo con la derecha que besó el larguero. Todo lo que intentó le salió bien y con belleza. Fue sin duda el mejor sobre el campo, seguido de cerca por un Xabi Alonso entonado y un Khedira que puso grandes dosis de equilibrio y movilidad.
Casi todo resultó en la primera parte, incluida la falta de sufrimiento. Empujó el Athletic con lo que pudo, que no fue mucho por la entidad de lo que tenía delante y por las bajas propias, que le obligaron a jugar con Javi Martínez de lateral derecho y con Toquero por Muniaín. El empuje propio de su orgullo fue conjurado por Casillas, que sacó de puños las escasas pelotas que merodearon sus inmediaciones. Tampoco faltó la gotita de suerte que suelen tener los equipos ganadores, con un larguero salvador y una probable mano de Khedira que no acabó en pena máxima, en un lance tan polémico como el que debió suponer la expulsión de San José por doble amarilla, que tampoco llegó.
No dio nada por hecho el Madrid, que encaró la segunda mitad con la misma concentración e intensidad. A los pocos minutos, Higuaín regateó a varios jugadores dentro del área y no marcó un gol de bandera porque se cruzó Javi Martínez. Estaba escrito, sin embargo, que CR7 se sacara la espina y sumara otro gol de cabeza a la salida de un córner. Era el 0-3, que certificaba definitivamente el título y que coincidía en el tiempo con unas declaraciones infames de Guardiola, sugiriendo algo de "silencios" y acontecimientos que "se tapan". Es lo que tienen los valores, el saber perder y el monopolio de la ética. 
A esas alturas faltaban solo los detalles. El Athletic, que es un señor equipo, se comportó con tremendas dosis de vergüenza. No se dejó llevar y apretó ante la algarabía entregada de su parroquia. De Marcos mandó un misil al travesaño e insistió en maquillar los guarismos. En esos momentos, los visitantes parecían acusar la intensa concentración previa y atravesaron un comprensible bajón de juego. La presión de los de casa disminuyó, no obstante, con la rigurosa expulsión de Javi Martínez, que vio la segunda tarjeta por una mano involuntaria. En superioridad, el Madrid se hizo con la posesión y anestesió el partido. Entraron Benzema y Granero, dos tipos diseñados para sobar el esférico. El primero, por cierto, lo hizo por Higuaín, recibido en el banquillo con el afectuoso cariño de todo el cuerpo técnico, que uno por uno lo felicitaron en un gesto cargado de dignidad. En el reino de la meritocracia, que sería el mejor mundo posible, un currante como el Pipa se merecería la continuidad con todos los honores. No hay duda de que se lo merece.
Al final, los jugadores lo celebraron como una piña sobre el césped. El himno volvía a sonar en las emisoras de radio, que se hacía eco de esa melodía tan familiar para una afición acostumbrada a esto, a ganar. Esta vez se logra con un poderío inapelable, demostrando ser el mejor equipo de España, con marca de dianas a favor y la épica toma de estadios como Mestalla, Sánchez Pizjuán, Calderón, Camp Nou y San Mamés. No hay mucho más que hablar. Desde el que más minutos ha disfrutado hasta el que más calentó la banqueta, desde el último ayudante hasta el entrenador, todos han estado estelares en la competición de la regularidad. 
Ya van 32, casi nada. 
¡Hala Madrid!



domingo, 29 de abril de 2012

Real Madrid 3 Sevilla F.C. 0. En lo bueno


"En lo bueno y en lo malo", rezaba en letras gigantescas una pancarta que colgaba del Fondo Sur del Bernabéu. Lucía el estadio gris como el clima, lánguido por el escozor de una eliminación europea con la que no se contaba. Parecía que los de casa no estaban en la antesala de la consecución de la Liga, un torneo mayor, de enjundia, que justifica una temporada por mucho que haya quien quiera convertirlo en una nulidad. El Madrid se jugaba mucho ante el Sevilla, más de lo que la propia parroquia daba a entender. Tocaba cita con un triunfo prácticamente definitivo para acabar la 2011-2012 con una gozosa visita a la Cibeles, por mucho que las circunstancias de hace unos días prometieran más. Pues ganó el líder 3-0 para certificar la conquista de 'lo bueno'. 
Tuvo un mérito indudable la victoria dominical y mañanera. En solo una semana parece haber pasado un mundo, toda una vida. Se ganó en el Nou Camp, cayeron fulminados en Europa los dos favoritos y eternos enemigos y anunció su marcha Pep. Demasiadas emociones y hechos de enjundia, sí, pero sobre todo una exigencia física y mental casi inhumana. Como en la 'Casa Blanca' parece que el mundo fuera a acabarse a cada minuto que pasa, eso sin duda pasa factura a sus jugadores, que saltaron al césped con el once que para muchos es de gala: Granero dejó fuera a Khedira y Marcelo sentó en el banquillo a Coentrao. El resto, los habituales. 
Con ellos se encontró una circulación más fluida cuando las piernas y las neuronas respondieron. El depósito está en reserva, aunque el combustible sobra para doblegar a una escuadra que no parece ni sombra de lo que fue. Y eso que durante buena parte del duelo se intercambiaron golpes en formas de cristalinas llegadas a los dos marcos. En ese reparto decidió, una vez más, CR7, que abrió la cuenta goleadora con un formidable recorte con la siniestra y un remate seco con la diestra. Al descanso el guarismo parecía imposible, sobre todo por un remate del portugués a la madera en un libre indirecto dentro del área, por un árbitro que miró hacia otro lado cuando le hicieron un penalti a Benzema -también pitó una dudosa falta que acabó en gol de Fazio nada más empezar- y por un trío de descaradas oportunidades de los visitantes. Primero Reyes, después Navas -de lejos el mejor de los suyos- y por último Negredo la pifiaron. 
Sus errores fueron oxígeno bendito para los blancos. Las estampas de cansancio eran evidentes en varios de los jugadores cada vez que el balón no estaba en juego. Así las cosas, el Sevilla exigió una vez más a Casillas con un intento pueril de Negredo desde la frontal y con su pie menos educado. Las circunstancias, sin embargo, estaban del lado merengue por pura tendencia justiciera en la competición de la regularidad. Di María, muy impreciso desde su reaparación hace semanas, dio un pase discreto que se paseó por una defensa andaluza que acabó mirando cómo Benzema resolvía el envite. Anotó el francés, otro que anda fatigado... y pareció respirar la afición. 
Del alivió a uno de los pocos arranques extasiados mediaron unos pocos minutos. Durante un contragolpe de vértigo, Sergio Ramos se incorporó a la oleada y le puso un centro medido a Benzema, que cabeceó a placer el definitivo 3 a 0. Solo entonces las gradas tomaron conciencia del significado de los hechos, olvidaron provisionalmente 'lo malo' y celebraron lo sucedido al grito de "campeones, campeones". La felicidad coincidía, por cierto, con las airadas protestas de los sevillistas, encolerizados porque uno de sus jugadores estaba tendido en el suelo cuando el Madrid decidió ir a por todas. 
El lance fue pecata minuta, ganas de enojarse con los detalles por pura incapacidad. Lo mismo puede decirse del cabreo por las filigranas de Cristiano, que se enredó en varios controles y maniobras circenses con el cuerpo y pegado a la banda izquierda. Llama mucho la atención esa sensibilidad a flor de piel con acciones legales y sin ánimo de hacer daño que derrochan algunos. Recordar ahora las agresiones a Casillas, los recogepelotas hábilmente adiestrados para retirar las pruebas del delito o los lanzamientos a destiempo de balones desde los fondos quizás sería ventajista, si bien alguno podría apelar a la memoria antes de impartir la enésima lección moral que, según parece, el Madrid está obligado a recibir de cualquiera al que le preste. 
Como el partido estaba sentenciado, la Liga casi y todavía estaba cercano el dolor de origen alemán, los asistentes miraron con frialdad los sucesos, cada vez más apagados. Lo más relevante de lo que restaba consistió, de hecho, en que ni Higuaín ni Kaká calentaron en la banda. Y acabaron el partido Khedira y Albiol como pareja de mediocentros. Quien quiera mirar y sacar punta lo tiene bien fácil para ir atando cabos sobre la futura composición de una plantilla que va a sufrir alteraciones importantes para la 2012-2013. Eso, no obstante, todavía queda lejos. De momento, le toca al madridismo disfrutar con toda pasión y merecimiento de 'lo bueno'. La Cibeles ya está engalanada.

Aviso crónica Real Madrid-Sevilla

Hoy Nacido para el Madrid asiste al partido Real Madrid-Sevilla en el mismísimo Santiago Bernabéu. Después tendrá que cumplir con compromisos familiares y madridistas. La crónica se publicará en cuanto sea posible.
Muchas gracias por vuestra comprensión y ¡Hala Madrid!

jueves, 26 de abril de 2012

Real Madrid 2 Bayern de Múnich 1. La suerte para el que se la trabaja


Dilapidó el Madrid una oportunidad de oro para conquistar la 'Décima', que se le va circunstancialmente en una tanda de penaltis y en general porque ha sido menos que el Bayern durante la mayor parte de la eliminatoria. Los indicios eran otros, pues antes de encarar las semifinales se antojaba un plantel superior en casi todas las facetas del juego. Sin embargo, en muy pocas fases de los 210 minutos disputados sometió a su rival. Casi siempre parecieron más los germanos, más sólidos pero, sobre todo, más ambiciosos. Apenas durante el arranque de la vuelta en la Castellana tuvieron los blancos ese carácter que privilegia el deseo de ganar sobre el temor a perder. Cayó quien más especuló y venció quien con más decisión buscó la otra portería. Así de sencillo. 
De tal forma que en la lotería de las penas máximas los locales pusieron el miedo y los visitantes las muchas papeletas que habían adquirido. El único que estuvo a la altura del temple que se exige en esos casos fue Iker, que sacó dos pelotas. Ni con esas estuvieron sus colegas cerca de verse acariciados por la diosa Fortuna. Fallaron Cristiano, Kaká y Ramos, tirando por la borda unos sueños europeos que, sin embargo, se habían ido rompiendo en mil pedazos durante un duelo infinito que arrancó una mala noche de Múnich y durante el que los blancos han estado muy por debajo de lo que se espera de ellos.
La primera mitad fue un monumento a las enfermedades cardíacas. El sobresalto fue permanente en uno y otro lado, como si los dos púgiles quisieran llevar al límite de la capacidad emocional a sus respectivos parroquianos. De arranque le tocó sufrir a los alemanes. Enfrente tenían a un conjunto racial que aprovechaba la inercia de la pasión. Solo le llevó dos minutos y medio al Madrid la creación de una oportunidad gracias a un pase largo de Xabi que controló Di María, quien desbordó en velocidad por dentro para cedérsela a un Khedira que no tuvo la puntería suficiente. Solo fue el aviso del golpe inicial, que los blancos estaban obesionados en propinar. Marcelo le dio un pase a Di María y este convirtió el centro en un disparo que chocó contra una mano demasiado suelta. Penalti. Y CR7 transformó el 1-0. 
Lejos de asentar los ánimos, el gol desató una tempestad que incluyó una ocasión de Robben a puerta vacía que mandó por encima del larguero. Sin solución de continuidad, Gómez probó desde fuera y Khedira evitó milagrosamente que el rechace se convirtiera en el empate. Los germanos le querían dar la vuelta a la situación pero entonces volvió a aparecer Cristiano, cómo no, a asistencia de Özil. El portugués paró la pelota, levantó la cabeza y batió con la derecha a Neuer. El éxtasis llegaba a las gradas aunque quedaba un mundo por delante y la disposición sobre el terreno de juego no pintaba nada bien. 
Lo que ocurrió a continuación fue un dominio aplastante de los rojos. El bloque de Mou presentó excesivas fisuras y se sometió a una exigencia que abrió la puerta de la fragilidad. El aspecto empeoró cuando Pepe derribó en carrera a Mario Gómez dentro del área y Robben convirtió una pena máxima que Casillas tocó con los dedos. La eliminatoria quedaba empatada cuando todavía no se había llegado a la media hora de duelo. Y el Bayern siguió apretando. Delante se topó con una oposición tan nimia que con tres combinaciones podía dejar solo a su delantero centro, que no tuvo su noche rematadora hasta que se sacó la espina durante los penalties del final. Por otro lado, y prueba de la angustia que atenazaba a los de casa, Robben ejecutó un saque de banda ante una parsimonia generalizada que exigió un cruce milagroso de Pepe.
La segunda mitad fue tensa aunque vino cargada de menos sustos. Las llegadas bajaron de intensidad y los alemanes se contagiaron del temor a echar por la borda toda una temporada planificada para la finalísima en su propio feudo. Los hombres dirigidos por Mourinho, mientras tanto, demostraban una incapacidad notable para sacar la pelota jugada desde atrás y solo vivían de algún robo muy ocasional que pudiera pillar descolocado a sus enemigos. La espesura era manifiesta y apenas un disparo de Benzema alteró los biorritmos germánicos. 
En semejante tesitura llegó la prórroga. Curiosamente ahí se entonó un poco el Madrid, si bien algunos de sus efectivos terminaron de naufragar estrepitosamente. Hay pocas dudas de que ese fue el caso de Kaká, que entró de refresco y que gozó del privilegio de recibir una pelota franca dentro del área, darse la vuelta y buscar a algún colega. La resolución de la jugada fue impropia del dinero que costó, solo justificable en grandes citas como la que es motivo de estas líneas. Tuvo otra Granero, que entró muy tarde en el campo y que prefirió invitar al árbitro a picar con un penalti salvador cuando tenía fuera del marco a Neuer. No logró más que la amarilla y la prolongación de unos nervios que señalaban el camino a la perdición. Los once metros de distancia obsequiaron al que más cortejó al azar. Y dio al traste con una de las opciones históricas más evidentes para sumar otra Copa de Europa. Un adiós muy amargo.

sábado, 21 de abril de 2012

Barcelona 1 Real Madrid 2. Raza de campeón

 

Irá el Madrid a Cibeles y hará el trayecto con una felicidad ganada en buena lid, fruto de una temporada liguera brillantísima y, sobre todo, de un golpe de efecto brutal: doblegó a ese equipo al que muchos consideran el mejor de la historia en su castillo. Un héroe con una armadura perfectamente cincelada y convicción de campeón, eso pareció y eso fue la escuadra liderada por un Mourinho que le ganó, y muy de largo, el duelo táctico a Guardiola.
Se comportaron sus hombres como un bloque pétreo, concentrado y con las notas justas de clase. Insistió el jefe del vestuario en lo políticamente incorrecto, con dos laterales bajo sospecha como Arbeloa y Coentrao, que estuvieron sobresalientes. El rigor, la ambición y la calidad se combinaron de forma pluscuamperfecta desde la pizarra de un técnico que arrugó al eterno enemigo en su propia casa. Todo eso, claro, y la guinda de CR7, un monumento al fútbol que el madridismo tiene el lujo de disfrutar. Lleva tres visitas consecutivas marcando en el Nou Camp, así que si alguien quiere seguir reprochándole que se esconde en las grandes citas solo tiene que volver a escolarizarse y aprender a sumar. Ese portugués dio un brinco hasta el último escalón para rozar con las manos el número 32 de Liga.
A pesar de las especulaciones, Mou permaneció fiel a lo que considera su once ideal. Compareció con él también en el Nou Camp y, de salida, no le fue nada mal. Tras el pitido inicial, apretó el equipo al dominador Barcelona en su mismísma casa. Parecían los culés temerosos ante la audacia de su visitante, que se comportaba con visible ambición a pesar de valerle el empate. Fruto de ello, se vivió durante quince minutos más en el campo de los locales que en el de los visitantes. No fue extraño que avisara Cristiano con un testarazo a la salida de un saque de esquina, aunque la pelota rebotó en Puyol y terminó rozada por las yemas de Valdés. 
Otro balón parado premió, no obstante, al líder. Pepe lo remató y Valdés reaccionó, si bien lo dejó en un territorio peligroso. Allí Puyol se anduvo incomprensiblemente por las ramas y Khedira metió el pie lo justo para hacer un gol histórico, tan feo como valioso. Era el 108 en Liga de su escuadra, marca absoluta. Y no pareció sentarle bien al Barça, que sufrió al rato un contraataque en inferioridad del que se salvó porque Di María estuvo demasiado ansioso durante todo el partido. 
Ahí se acabó durante un paréntesis, sin embargo, la inercia del duelo. Los blancos se acularon, seguramente fruto de la comodidad del resultado y de la necesidad culé, que convirtió la preocupación en paciencia. Le costó sin embargo desbordar al Barça y los hechos son los hechos: solo sumó una ocasión realmente clara en el minuto 27 y consecuencia de una genialidad de Messi, que le dio un pase escandaloso a Xabi, que se quedó solo. Rozó lo justo Casillas para desviar la trayectoria de una pelota que parecía el empate. A partir de ahí siguió el dominio del Barcelona, aunque no se sufriría más sobresalto que una injustísima tarjeta a Pepe. 
Padeció muy poco el Madrid y a la vuelta del vestuario las circunstancias no variarían. Los minutos pasaban entre amarillas mal repartidas y un evidente cortocircuito blaugrana. El partido fluía como un río plácido, pero el agua se precipitó de pronto en una catarata de emociones. Los culés empataron tras una cadena de fatalidades que incluyó disparos, piernas interpuestas y una bola que parecía la de una máquina infernal de recreativo. Acabó dentro de la red y la placidez se fue al pairo. Pues es ahí, en situaciones de ese corte, cuando los deportistas sin madera noble se caen. No es el caso de estos jugadores merengues guiados por Mou. De pronto, y en un ver, Özil catapultó a Cristiano, que hizo un alarde de paciencia, precisión y velocidad para arrancar el grito más unánime y liberador de un madridismo que ya se merecía un momento así.
El 1-2 fue un mazazo irrevocable para el vigente campeón y una sacudida de electricidad vigorizante para el que le va a suceder en la cima. Entró Granero por Di María y le dio un sentido notable a la posesión blanca, lo que parecía propiciar un triunfo más holgado. Pudo llegar en un pase de Higuaín, que entró en las postrimerías, y que Cristiano mandó alto. Dio igual. Los tres puntos y los siete de diferencia no se escaparían. Messi y los suyos entregaron las armas y Cristiano y sus colegas se abrazaron en pleno éxtasis sobre el césped. A Mou ni se le vio. No hubo mácula ninguna en la fiesta, porque hasta el último detalle, en fondo y forma, fue impecable. Ganó el mejor el clásico y ganará el mejor la Liga. Y el mejor ya es, sin duda, este Real Madrid.